Cuáles son los nuevos hábitos de la clase media con un sueldo que rinde cada vez menos

El presidente, Alberto Fernández, encendió una nueva mecha cuando transfirió parte de la responsabilidad de la inflación a la sociedad. En un intento de explicar el fracaso de su gobierno para contener la suba de precios dijo que en buena medida era “autoconstruida” y que “estaba en la cabeza de la gente”.

Todo manual de economía enseña que uno de los componentes de la inflación son las expectativas, dado que en los precios se incluye la proyección de cuánto será el costo de reposición. De allí, al 94,8% que anunció el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) para 2022 hay un abismo.

En este contexto a la sociedad argentina le cabe la metáfora de la ranita que se va cociendo en una olla de agua que pasa de fría, a tibia, luego a caliente hasta que hierve. Sin darnos cuenta (o tal vez sí) nuestra calidad de vida se deteriora día a día sólo para el arte de sobrevivir.

La crisis de precios y de consumo que se desató en 2022 tuvo (y tiene) impacto en la vida diaria, cuando las familias deben ajustar los presupuestos día a día para poder cumplir con algo vital: comer.

Con el mercado laboral cada vez más precarizado, con ingresos carcomidos, y con ventas en retroceso, todos los cálculos para llegar a fin de mes son cada vez de más corto plazo.

Un estudio de la consultora Scanntech reveló que durante diciembre del año pasado, mes tradicional de movimientos festivos, los consumidores aumentaron un 7% su frecuencia de visita a los centros de venta para comprar algo más de cinco productos. Puntualmente, el ticket promedio tuvo un valor de $ 1.540 para adquirir 5,6 productos, que representa una disminución  de 9% en la cantidad de unidades adquiridas.

Los cálculos para llegar a fin de mes son cada vez de más corto plazo

Por la inflación, se va más al súper y se compran menos productos

El total del consumo en 2022 se redujo 3,5% versus 2021 con un declino en todas las familias en estudio. Cabe apuntar que 2021 fue un año trazado por las consecuencias de la pandemia, con lo cual la base de comparación está deprimida.

Al margen de porcentajes y/o variaciones, los números ponen en evidencia el retroceso en el perfil de compra de los consumidores argentinos, que en una inmensa mayoría han suprimido la compra mensual o semana para pasar a compras dos o tres días, con la pérdida de tiempo y mayor sacrificio que ello implica.

Este cambio de hábito forzado por la delicada situación económica, también se refleja en la composición de las ventas por establecimientos.

Los “chicos”, o sea los de mayor proximidad, pudieron mantener los niveles de venta por unidades, con un ticket promedio de $ 1.017, adquiriendo tan sólo un promedio de 3,3 productos.

En los locales más amplios y de autoservicio la cantidad de unidades vendidas cayó 5,2% a un promedio de 7,4 por transacción.

Queda expuesto que durante 2022 las condiciones de vida empeoraron al nivel que la población compró menos comida, pero también cedió en el cuidado personal.

El trabajo de la empresa marcó que la compra de alimentos se redujo 6,9% respecto al año anterior, mientras que la de productos de aseo personal se desplomó un 9%. En el caso de los artículos de limpieza general la retracción fue de 2,9%.

El rubro bebidas tuvo una disminución de 0,4%, explicada por un retroceso en lo que refiere a las alcohólicas cuyas ventas bajaron 3,9%, mientras que las bebidas sin alcohol subieron 0,4%.

Las caídas fueron mayores en el interior del país que en la región metropolitana, precisó el documento.

La inflación del súper, mayor al promedio

El estudio está basado en el análisis sobre 640 puntos de venta donde se toman los precios de 120 productos divididos en cuatro familias. Los cálculos tienen como base 3,7 millones de tickets emitidos mensualmente, lo cual muestra una realidad amplia.

En lo que respecta a los precios, el informe precisó que la inflación fue de 6,3% durante diciembre 2,1 puntos porcentuales superior a la que informó el INDEC. En la evaluación anual el aumento fue de 100%, 5 puntos por encima de la oficial.

Para contener este vendaval el ministro de Economía, Sergio Massa, impulsó acuerdos de precios en distintos sectores con tasa de ajuste de 4%, pero los primeros cálculos para enero muestran que no estaría surtiendo efecto.

El 5,1% de diciembre (mayor al 4,9% de noviembre) convirtió en clave al primer mes del año en función del objetivo de Massa de llegar a abril con inflación debajo de 4%.

Las primeras estimaciones de la Fundación Libertad y Progreso la estiman en 6%, mientras que para la consultora LCG entre la última semana de diciembre y la tercera de enero la suba de precios de alimentos fue superior al 5,5%.

A su vez, en su último informe, Ecolatina afirmó que “los programas de controles de precios resultan insuficientes para utilizarse de manera aislada como herramienta desinflacionaria: en los pocos casos en los que existió un efecto positivo, terminó por volverse en contra al poco tiempo de finalizado el congelamiento”.

Y agregó que “en la medida en que no se instrumente un programa creíble, sostenible y con consenso en la política, donde las políticas fiscales (reducción del déficit mediante), monetarias (tasas de interés reales positivas, menor asistencia monetaria del BCRA) y cambiarias sean el eje central para combatir la inflación y coordinar expectativas a la baja, los controles de precios no constituirán una alternativa sostenible”.

En síntesis, el 2022 marcó un fuerte retroceso en la calidad de vida de las personas, con menor consumo y cambiando hábitos para alcanzar necesidades básicas.

La perspectiva para 2023 no es muy diferente y será necesario seguir manteniendo los presupuestos con rienda corta evitando tomar deudas para consumo diario –especialmente sobre tarjetas de crédito a partir del elevado costo de los intereses- y seguir “invirtiendo” tiempo en la búsqueda de ofertas dadas las distorsiones de precios que se verifican en todos los rubros productos de los desequilibrios que afectan a cada cadena de producción.

Author: editor

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